Uso tradicional. Esta preparación forma parte de la sabiduría popular y se comparte con fines informativos y culinarios. No sustituye la consulta, el diagnóstico ni el tratamiento médico. Si tenés una condición de salud, estás embarazada, das de mamar o tomás medicamentos, consultá a un profesional antes de usarla.
Jarabe de cebolla y miel
El jarabe casero de toda la vida para cuando la garganta molesta y la tos no deja dormir. Cebolla, miel y limón, como lo preparaba la abuela.
Preparación
- 1
Pelá la cebolla y picala en cuadritos chiquitos o en rodajas finas. Entre más finita, más jugo va a soltar.
- 2
Poné la cebolla en un frasco de vidrio limpio y agregá la miel encima, hasta que quede bien cubierta. Si querés, agregá el jugo de limón.
- 3
Tapá el frasco y dejá reposar a temperatura ambiente para que la cebolla suelte su jugo y se mezcle con la miel.
- 4
Pasado el reposo, colá el líquido con un colador fino y guardalo en el frasco. La cucharadita de jarabe se toma despacio, tibia o a temperatura ambiente.
🌿 Sustituciones chapinas
- Miel de abeja → Panela rallada o azúcar morena
Si no tenés miel, podés cubrir la cebolla con panela rallada; suelta el jugo igual aunque el sabor queda más acaramelado.
- Cebolla blanca → Cebolla morada
Sirve igual de bien. La morada es un poco más dulce y tiñe levemente el jarabe.
💡 Notas de la chef
En la tradición popular, este jarabe de cebolla con miel se toma a cucharaditas para acompañar el bienestar cuando la garganta está irritada o hay tos. Se suele tomar una cucharadita varias veces al día, al gusto. Guardalo tapado en la refri y consumilo dentro de los dos días. Recordá que esto es solo informativo y de uso tradicional, no sustituye la consulta con tu médico. No se recomienda dar miel a menores de un año.
Este jarabe de cebolla y miel es de esos remedios de cajón que casi toda abuela chapina tenía a mano. No lleva cocción: solo es cuestión de dejar que la cebolla suelte su jugo dentro de la miel y se forme ese almíbar sencillo que se toma a cucharaditas. La miel suaviza, el limón refresca y la cebolla aporta ese sabor fuerte tan característico. Tres cosas que casi siempre hay en la cocina, en un preparado humilde de la tradición de muchas familias.
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